3 pruebas para valorar el rendimiento de los músculos abductores de cadera [+VIDEO]

Las 4 aplicaciones clínicas que tienes que tener en cuenta cuando mides el rendimiento muscular de cadera.

Un profesional de la salud y el ejercicio debe ser un experto en valoración.

Los cambios funcionales después de una cirugía en la cadera y su inmovilización son bien conocidos. Sin embargo, las evaluaciones funcionales basadas en el rendimiento, que consisten en evaluaciones de la función física (es decir, la capacidad de realizar actividades diarias) y la función muscular, no se realizan típicamente en la práctica clínica.

Tener información sobre el rendimiento muscular de la cadera es de suma importancia para la mayoría de las aplicaciones clínicas en la práctica, por ejemplo para:

Valorar trastornos específicos como la displasia acetabular o la inhibición muscular iatrogénica.
– Evaluar objetivamente el impacto de una operación o una intervención terapéutica.
– Investigar los mecanismos que explican la debilidad muscular y
– Detectar cualquier factor predisponente que pueda conducir a una lesión.

Estas aplicaciones ilustran la importancia crítica de la cuantificación precisa de la función muscular de la cadera en la práctica clínica.

Consigue que tus valoraciones sean tan avanzadas como tus tratamientos

 

SOLICITAR DEMO

 

Las 3 pruebas funcionales basadas en la función muscular que van a mejorar tu valoración de cadera

Vas a aprender a través de un caso clínico, 3 pruebas clave para valorar el rendimiento muscular de los músculos abductores de cadera de forma objetiva. La función muscular de los músculos abductores es primordial para la estabilidad de la cadera y para caminar. La debilidad de los músculos abductores en muchos casos ocasiona una recuperación lenta e incompleta y un deterioro funcional después de una operación de cadera.

Vamos a centrarnos ya en el caso clínico y en el protocolo. Tenemos un paciente que ha sido operado de la cadera derecha y le han puesto una prótesis. Una debilidad iatrogénica puede aumentar inestabilidad en la cadera y aumentar el estrés en pacientes con prótesis. El aumento del esfuerzo muscular de estos músculos puede ser progresivamente más difícil de superar para los pacientes de edad avanzada.

Estas son las 3 pruebas que nosotros recomendamos para evaluar el rendimiento muscular:

1️⃣Abducción isométrica en decúbito lateral con resistencia manual.

Objetivo: Valorar la fuerza de abducción y detectar si un déficit de fuerza está relacionado con una inhibición o una hiperexcitación de los músculos abductores.
Método: Pedimos al paciente una abducción que dure entre 6 y 10 segundos.
¿En qué nos fijamos? Si tenemos un dinamómetro genial porque podemos medir la fuerza de forma objetiva. Si no es el caso, podemos tomar una referencia de 1 a 10 (1 fuerza inexistente, 10 fuerza máxima).

Percibimos que el paciente presenta una fuerza parecida entre ambas piernas. Si relacionamos este dato con sus resultados neuromusculares que hemos medido con EMG encontramos que presenta una actividad muy simétrica entre ambos glúteos.

 

2️⃣ Abducción dinámica en decúbito lateral.

Objetivo: Valorar la movilidad de la cadera en el plano de abducción, la función movilizadora deñ glúteo y el TFL y detectar si un déficit de movilidad está relacionado con una inhibición o una hiperexcitación.
Método: Pedimos al paciente que realice 10 repeticiones, 5 lentas y 5 rápidas.
¿En qué nos fijamos? Si tenemos un goniómetro podemos medir la movilidad de forma objetiva. Si no es el caso, podemos tomar de nuevo una referencia de 1 a 10 (1 movilidad inexistente, 10 máxima movilidad).

Nuestro paciente presenta un déficit de movilidad en su pierna derecha que podemos medir con el sensor de mDurance. Además, si lo relacionamos con su reclutamiento, es muy fácil detectar que se debe a una inhibición de su musculatura, tanto de glúteo como de TFL.

3️⃣ Sentadilla monopodal.

Objetivo: Valorar la estabilidad de la cadera y la función estabilizadora de glúteo y TFL.
Método: Pedimos al paciente 5 repeticiones con una pierna y después otras 5 con la contraateral.
¿En qué nos fijamos? Si tenemos una plataforma de presiones podemos medir la estabilidad de forma objetiva. Si no es el caso, podemos tomar de nuevo una referencia de 1 a 10 (1 estabilidad inexistente, 10 máxima estabilidad).

El paciente presenta inestabilidad en su pierna lesionada. ¿Qué viene ahora? Efectivamente, relacionarlo con su actividad muscular. Bingo! De nuevo el paciente tiene menos reclutamiento, lo que provoca un déficit de estabilidad en su glúteo medio y su TFL.

Conclusiones

Cómo decía al principio, un profesional de la salud y el ejercicio debe ser un experto en valoración.  Tener en cuenta solo las variables subjetivas del paciente o incluso sólo tener en cuenta variables como la fuerza o la movilidad pueden ocasionarte muchas dudas sobre que plan de recuperación se adapta mejor a tu paciente. Por lo tanto:

  • Es importantísimo valorar el rendimiento muscular para pautar un buen plan de recuperación.
  • Medir la progresión de tus pacientes te ayuda a entender si tu plan está funcionando y a decidir cuándo pasar de fase o incrementar la carga de trabajo.
  • Teniendo en cuenta el rendimiento muscular mejoras la atención que brindas y los pacientes aumentan su confianza en ellos mismos, muy importante sobretodo en este tipo de operaciones.

Por último te lanzo una pregunta. Con los resultados que hemos obtenido de este paciente, ¿Qué programa de tratamiento propones?
 

Bibliografía

(1) Terwee CB, Mokkink LB, Steultjens MP, Dekker J . Performance-based methods for measuring the physical function of patients with osteoarthritis of the hip or knee: a systematic review of measurement properties. Rheumatology (Oxford). 2006;45:890-902.

(2) Sapega AA. Muscle performance evaluation in orthopaedic practice. J Bone Joint Surg Am. 1990;72:1562-74.

(3) Leunig M, Siebenrock KA, Ganz R . Rationale of periacetabular osteotomy and background work. Instr Course Lect. 2001;50:229-38.

(4) Maffiuletti, Nicola A., PhD1 Assessment of Hip and Knee Muscle Function in Orthopaedic Practice and Research, JBJS: January 2010 – Volume 92 – Issue 1 – p 220-229 doi: 10.2106/JBJS.I.00305.